Convivencia CEDIS Za-Sa

El 22 de junio a las 5 de la tarde en la Casa de Espiritualidad Nuestra Señora de la Vega en Salamanca, nos reunimos para nuestra segunda convivencia de este curso los Institutos Seculares de Zamora y Salamanca. 

La reunión empezó con una breve bienvenida por parte de la presidenta, después se informó de las reuniones con CONFER para la preparación de las III Jornadas de la Vida Consagrada (28-30 enero de 2020).

Después Rosario Álvarez nos comentó la celebración que su Instituto (Cruzada Evangélica) tuvo en Alcalá de Henares con motivo de la Declaración como Venerable del fundador.

El siguiente momento fue la presentación del IMS, Instituto Misioneras Seculares, (Concha). Nos hicieron un breve recorrido histórico desde la fundación hasta nuestros días.

Después para terminar nos prepararon una oración con textos de D. Rufino, muy entrañable.

Terminamos la actividad compartiendo una merienda, cantando y bailando.

La experiencia ha sido positiva, como en la actividad anterior, con un ambiente fraterno y cordial.

Nueva Presidenta de CEDIS

Vicenta Estellés (izqda.) y Mª José Castejón (dcha.)
Agradecidas por el trabajo y la dedicación de Vicenta,
nuestras oraciones y los mejores deseos a Mª José.

(Foto MariTrini Conde, tomada de la página oficial de CEDIS)

 

Reseña Jornada Formación CEDIS

El pasado sábado 1 de junio nos reunimos en la Casa de las Hermanas del Amor de Dios en Madrid más de 100 miembros de los distintos Institutos Seculares de España para compartir la Jornada de Formación y Convivencia que organiza CEDIS (Conferencia Española de Institutos Seculares) anualmente.

Este año la Jornada llevaba por título “Nuevas miradas, nuevas respuestas, hoy”, un título sugerente y atractivo que nos predisponía desde el principio a tener una actitud de apertura ante lo que posteriormente reflexionaríamos. 

La Jornada comenzó con una oración en la que pedimos al Señor ser sus instrumentos en el mundo. A continuación la presidenta de CEDIS, Vicenta Estellés, nos recordó en su saludo inicial las palabras de Pablo VI que definían los Institutos Seculares como “ el laboratorio experimental en el cual la Iglesia verifica cuáles han de ser sus relaciones con el mundo”. Tambien hizo referencia a la Encíclica Laudato si, introduciendo así el tema central del día: la preocupación por el medio ambiente.

El primer invitado, D. Carlos Martínez cfm, director de ITRV, apeló a nuestra conciencia ecológica para luchar por mejorar nuestra relación con la naturaleza, resumiendo la situación preocupante en la que se encuentra nuestro planeta, asumiendo nuestra responsabilidad en su mantenimiento y protección para dejar la Tierra y toda su biodiversidad en las mejores condiciones a las generaciones venideras. Pero no todo es negativo, y acabó su intervención con palabras de esperanza, recordando que Dios no nos abandona, y que en la lucha por un mundo mejor, más justo, no estamos solos. 

Daniela Leggio, Directora de la Oficina para la promoción y formación de la Vida Consagrada de la CIVCSVA, nos animó a contemplar en la naturaleza la huella indeleble de Dios citando numerosos pasajes de la Sagrada Escritura en los que el autor se deleita en la criatura para alabar al Creador (Génesis, Daniel, Evangelios..). Finalizó su conferencia invitándonos a analizar los Escritos de nuestros fundadores y Constituciones de nuestros Institutos para reflexionar sobre la preocupación de nuestros carismas particulares en la protección del medio ambiente.

Después de compartir la comida y un rato de descanso y convivencia, cargado de encuentros fraternos y buenos deseos, empezamos la sesión de la tarde con un juego de preguntas a las que teníamos que responder digitalmente desde el teléfono móvil. Nos ayudó a despejarnos y a prepararnos para la última conferencia del día, el testimonio de Sara Olea, abogada colaboradora en Cáritas Española y en REPAM (Red Eclesial Panamazónica), quien nos transmitió su experiencia como jurista asesora en la defensa de los derechos humanos de las tribus indígenas de la Panamazonía en los distintos órganos legislativos internacionales (ONU, Ginebra, gobiernos de las naciones…).

Denunció el maltrato que sufren estas tribus, a las que muchos casos se les llega a negar el derecho a la vida, con la complicidad de empresas extranjeras, que apoyan o incentivan los asesinatos a los campesinos impunemente para desproveerles de sus tierras. 

Finalizamos la Jornada compartiendo lo más importante, y lo que más nos une, la Eucaristía, presidida por Don Elias Royón SJ. Todo el día fue un regalo del Señor, una ocasión para encontrarnos de nuevo y disfrutar de la convivencia.

En la página oficial de CEDIS encontraréis material de la jornada y una breve reseña.

María Medianera Universal de todas las Gracias

El papa Benedicto XV concedió en 1921, a petición del cardenal Mercier, el oficio y la Misa de Santa María Virgen Medianera de todas las gracias, para que se celebrara el 31 de mayo en toda la nación belga. La Sede Apostólica otorgó estos mismos textos a muchas otras diócesis e institutos religiosos con lo cual la conmemoración litúrgica se hizo casi general. 

Entre otros muchos, la Iglesia honra a la Virgen María con dos títulos:

– Madre de la gracia porque llevó en su seno virginal al Dios y hombre verdadero y nos dio al mismo Autor de la gracia, Jesucristo nuestro Señor.

– Medianera de la gracia porque estuvo asociada a Cristo en la obra de procurarnos la redención.

Santa Catalina de Siena

Gusté y vi
Del Diálogo de santa Catalina de Siena, virgen, sobre la divina Providencia
(Cap. 167, Acción de gracias a la Santísima Trinidad)

¡Oh Deidad eterna, oh eterna Trinidad, que por la unión de la naturaleza divina diste tanto valor a la sangre de tu Hijo unigénito! Tú, Trinidad eterna, eres como un mar profundo en el que cuanto más busco, más encuentro, y cuanto más encuentro, más te busco. Tú sacias al alma de una manera en cierto modo insaciable, pues en tu insondable profundidad sacias al alma de tal forma que siempre queda hambrienta y sedienta de ti, Trinidad eterna, con el deseo ansioso de verte a ti, la luz, en tu misma luz.

Con la luz de la inteligencia gusté y vi en tu luz tu abismo, eterna Trinidad, y la hermosura de tu criatura, pues, revistiéndome yo misma de ti, vi que sería imagen tuya, ya que tú, Padre eterno, me haces partícipe de tu poder y de tu sabiduría, sabiduría que es propia de tu Hijo unigénito. Y el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, me ha dado la voluntad que me hace capaz para el amor.

Tú, Trinidad eterna, eres el Hacedor y yo la hechura, por lo que, iluminada por ti, conocí, en la recreación que de mí hiciste por medio de la sangre de tu Hijo unigénito, que estás amoroso de la belleza de tu hechura.

¡Oh abismo, oh Trinidad eterna, oh Deidad, oh mar profundo!: ¿podías darme algo más preciado que tú mismo? Tú eres el fuego que siempre arde sin consumir; tú eres el que consumes con tu calor los amores egoístas del alma. Tú eres también el fuego que disipa toda frialdad; tú iluminas las mentes con tu luz, en la que me has hecho conocer tu verdad.

En el espejo de esta luz te conozco a ti, bien sumo, bien sobre todo bien, bien dichoso, bien incomprensible, bien inestimable, belleza sobre toda belleza, sabiduría sobre toda sabiduría; pues tú mismo eres la sabiduría, tú, el pan de los ángeles, que por ardiente amor te has entregado a los hombres.

Tú, el vestido que cubre mi desnudez; tú nos alimentas a nosotros, que estábamos hambrientos, con tu dulzura, tú que eres la dulzura sin amargor, ¡oh Trinidad eterna!

Feliz Pascua de Resurrección

Hermanos y hermanas del mundo entero,
¡hombres y mujeres de buena voluntad!

¡Cristo ha resucitado! ¡Paz a vosotros! Se celebra hoy el gran misterio, fundamento de la fe y de la esperanza cristiana: Jesús de Nazaret, el Crucificado, ha resucitado de entre los muertos al tercer día, según las Escrituras. El anuncio dado por los ángeles, al alba del primer día después del sábado, a Maria la Magdalena y a las mujeres que fueron al sepulcro, lo escuchamos hoy con renovada emoción: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado!” (Lc 24,5-6). 

No es difícil imaginar cuales serían, en aquel momento, los sentimientos de estas mujeres: sentimientos de tristeza y desaliento por la muerte de su Señor, sentimientos de incredulidad y estupor ante un hecho demasiado sorprendente para ser verdadero. Sin embargo, la tumba estaba abierta y vacía: ya no estaba el cuerpo. Pedro y Juan, avisados por las mujeres, corrieron al sepulcro y verificaron que ellas tenían razón. La fe de los Apóstoles en Jesús, el Mesías esperado, había sufrido una dura prueba por el escándalo de la cruz. Durante su detención, condena y muerte se habían dispersado, y ahora se encontraban juntos, perplejos y desorientados. Pero el mismo Resucitado se hizo presente ante su sed incrédula de certezas. No fue un sueño, ni ilusión o imaginación subjetiva aquel encuentro; fue una experiencia verdadera, aunque inesperada y justo por esto particularmente conmovedora. “Entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros»” (Jn 20,19). 

Ante aquellas palabras, se reavivó la fe casi apagada en sus ánimos. Los Apóstoles lo contaron a Tomás, ausente en aquel primer encuentro extraordinario: ¡Sí, el Señor ha cumplido cuanto había anunciado; ha resucitado realmente y nosotros lo hemos visto y tocado! Tomás, sin embargo, permaneció dudoso y perplejo. Cuando, ocho días después, Jesús vino por segunda vez al Cenáculo le dijo: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente!”. La respuesta del apóstol es una conmovedora profesión de fe: “¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20,27-28).

“¡Señor mío y Dios mío!”. Renovemos también nosotros la profesión de fe de Tomás. Como felicitación pascual, este año, he elegido justamente sus palabras, porque la humanidad actual espera de los cristianos un testimonio renovado de la resurrección de Cristo; necesita encontrarlo y poder conocerlo como verdadero Dios y verdadero Hombre. Si en este Apóstol podemos encontrar las dudas y las incertidumbres de muchos cristianos de hoy, los miedos y las desilusiones de innumerables contemporáneos nuestros, con él podemos redescubrir también con renovada convicción la fe en Cristo muerto y resucitado por nosotros. Esta fe, transmitida a lo largo de los siglos por los sucesores de los Apóstoles, continúa, porque el Señor resucitado ya no muere más. Él vive en la Iglesia y la guía firmemente hacia el cumplimiento de su designio eterno de salvación. 

Cada uno de nosotros puede ser tentado por la incredulidad de Tomás. El dolor, el mal, las injusticias, la muerte, especialmente cuando afectan a los inocentes —por ejemplo, los niños víctimas de la guerra y del terrorismo, de las enfermedades y del hambre—, ¿no someten quizás nuestra fe a dura prueba? No obstante, justo en estos casos, la incredulidad de Tomás nos resulta paradójicamente útil y preciosa, porque nos ayuda a purificar toda concepción falsa de Dios y nos lleva a descubrir su rostro auténtico: el rostro de un Dios que, en Cristo, ha cargado con las llagas de la humanidad herida. Tomás ha recibido del Señor y, a su vez, ha transmitido a la Iglesia el don de una fe probada por la pasión y muerte de Jesús, y confirmada por el encuentro con Él resucitado. Una fe que estaba casi muerta y ha renacido gracias al contacto con las llagas de Cristo, con las heridas que el Resucitado no ha escondido, sino que ha mostrado y sigue indicándonos en las penas y los sufrimientos de cada ser humano.

“Sus heridas os han curado” (1 P 2,24), éste es el anuncio que Pedro dirigió a los primeros convertidos. Aquellas llagas, que en un primer momento fueron un obstáculo a la fe para Tomás, porque eran signos del aparente fracaso de Jesús; aquellas mismas llagas se han vuelto, en el encuentro con el Resucitado, pruebas de un amor victorioso. Estas llagas que Cristo ha contraído por nuestro amor nos ayudan a entender quién es Dios y a repetir también: “Señor mío y Dios mío”. Sólo un Dios que nos ama hasta cargar con nuestras heridas y nuestro dolor, sobre todo el dolor inocente, es digno de fe.

¡Cuántas heridas, cuánto dolor en el mundo! No faltan calamidades naturales y tragedias humanas que provocan innumerables víctimas e ingentes daños materiales.

Pienso en el flagelo del hambre, en las enfermedades incurables, en el terrorismo y en los secuestros de personas, en los mil rostros de la violencia —a veces justificada en nombre de la religión—, en el desprecio de la vida y en la violación de los derechos humanos, en la explotación de la persona.

Queridos hermanos y hermanas: a través de las llagas de Cristo resucitado podemos ver con ojos de esperanza estos males que afligen a la humanidad. En efecto, resucitando, el Señor no ha quitado el sufrimiento y el mal del mundo, pero los ha vencido en la raíz con la superabundancia de su gracia. A la prepotencia del Mal ha opuesto la omnipotencia de su Amor. Como vía para la paz y la alegría nos ha dejado el Amor que no teme a la Muerte. “Que os améis unos a otros —dijo a los Apóstoles antes de morir— como yo os he amado” (Jn 13,34).

¡Hermanos y hermanas en la fe, que me escucháis desde todas partes de la tierra! Cristo resucitado está vivo entre nosotros, Él es la esperanza de un futuro mejor. Mientras decimos con Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!”, resuena en nuestro corazón la palabra dulce pero comprometedora del Señor: “El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará” (Jn 12,26). Y también nosotros, unidos a Él, dispuestos a dar la vida por nuestros hermanos (cf. 1 Jn 3,16, nos convertimos en apóstoles de paz, mensajeros de una alegría que no teme el dolor, la alegría de la Resurrección. Que María, Madre de Cristo resucitado, nos obtenga este don pascual. ¡Feliz Pascua a todos!

Benedicto XVI, Pascua 2007